Capítulo 3: Charles Studd (1860-1931)


Durante su juventud fue un deportista muy famoso y con gran proyección en el cricket. Él y su familia conocieron al Señor durante una predicación del norteamericano D.L. Moody. Luego de graduarse, intentó estudiar Derecho, pero sus inquietudes espirituales se lo impidieron, ya que se sentía fuertemente guiado a ser misionero en China.

A los 25 años de edad, estando ya en China, Charles recibió una herencia de su padre correspondiente a 29 mil libras esterlinas (aproximadamente 25 millones de pesos chilenos), la cual repartió en su totalidad entre distintas misiones y obras sociales cristianas de la época.   Por esos años conoció a quien sería su esposa, una misionera devota y consagrada a la obra, llamada Priscila Livingstone, se casaron y tuvieron 4 hijas.

Luego de trabajar juntos en China por varios años, el desafío continuó en India, donde estuvieron 6 años predicando, fruto de su predicación mucho se convirtieron a Cristo. Sin embargo, el mayor proyecto misionero de su vida estaba aún por comenzar… África.

Allí llego en 1913, luego de nueve meses de navegación, estableció bases de operaciones en el Congo, donde comenzó a predicar, muchos indígenas se convirtieron al evangelio y fueron bautizados. Pronto las bases de operaciones se expandían más y más con la ayuda de misioneros enviados desde Inglaterra, como fruto del trabajo de movilización y difusión de la obra que hacía su esposa.

Luego de su último viaje a Inglaterra, en su regreso a África, vivió una explosión de personas convertidas, bautizadas y el surgimiento de misioneros indígenas que iban sin ningún reparo a predicar a otras tribus. Incluso muchos de los caciques de las tribus caníbales se convirtieron al evangelio y se reunían con “el gran cacique blanco” (como le llamaban a Studd) para ser enseñados. Sin embargo, estaba insatisfecho, porque veía como muchos de los nuevos creyentes eran presa de antiguos pecados y no podían cambiar su estilo de vida, fue así como comenzó una búsqueda incansable por el derramamiento del Espíritu Santo, quien les ayudaría a vivir vidas santas que agraden a Dios.

Luego de vivir experiencia inolvidables, sus dos últimos años de vida fueron bastante duros, porque se encontraba muy enfermo, murió en 1931, a los 71 años de edad, en su choza africana, rodeado de sus discípulos, de caciques indígenas convertidos y misioneros que trabajaban en la obra, honrando su permanente lema de vida “si Jesucristo es Dios y murió por mí, entonces ningún sacrificio que yo haga por Él es demasiado grande”.

Charles Studd es un ejemplo para nosotros, de renuncia y sacrificio, de dar todo, incluyendo fama, riquezas, comodidades y bienes materiales, para que otros escuchen las Buenas Nuevas de salvación.

Equipo Ministerio de Misiones Iglesia Renacer