Capítulo 7: David Brainerd (1718-1747)


David Brainerd nació en Estados Unidos, tuvo influencia cristiana desde su niñez ya que su madre era hija y nieta de pastores, sin embargo sus padres fallecieron a corta edad, durante su adolescencia. Se convirtió a los 20 años de edad, luego de una profunda lucha espiritual para que Dios le trajera convicción de pecado. Durante ese periodo se fue a Gran Bretaña, a estudiar al colegio de Yale, para prepararse ministerialmente. Sin embargo, 3 años más tarde fue expulsado de dicho establecimiento, ya que comenzó a asistir a las reuniones del Gran Avivamiento, las cuales estaban prohibidas para los alumnos de Yale.

Brainerd acostumbraba llevar un diario de los acontecimientos más importantes de su vida, de su comunión con Dios y sus sentimientos más profundos, estos diarios fueron posteriormente sumamente útiles para Jonathan Edwards al realizar su biografía.

Durante su época de preparación para el ministerio, Brainerd escribió lo siguiente “pasé el día en ayuno y oración implorando que Dios me preparase para el ministerio y me concediese el auxilio divino y su guía, y me enviase a la mies el día que Él designase. A la mañana siguiente sentí poder para interceder por las almas inmortales y por el progreso del reino del querido Señor y Salvador en el mundo”.

Luego cuando su preparación había terminado, él escribió “prediqué el sermón de despedida ayer por la noche. Hoy por la mañana oré en casi todos los lugares por donde anduve, y después de despedirme de mis amigos, inicié el viaje hacia donde viven los indios”.

Se fue a los feroces indios pieles rojas de Estados Unidos, allí entregó toda su vida, su salud, sus proyectos matrimoniales, y sus posesiones. Cuando llegó a las aldeas, se bajó de su caballo y se acostó en el suelo para pasar la noche, orando fervorosamente. Sin que él se diera cuenta, algunos indios lo asecharon para matarle, ya que no confiaban en los “blancos”, sin embargo cuando oyeron que Brainerd estaba clamando por la salvación de sus almas, ellos se fueron y desistieron de matarle.

Era su costumbre pasar tiempo profundo en la presencia de Dios, siempre oraba, ayunaba y clamaba antes de sus predicaciones, y luego de ellas los indios terminaban convencidos de pecado por el Espíritu Santo y tan quebrantados por el amor de Dios, que entregaban su vida al Señor.

David que sufría de tuberculosis, sentía su salud debilitase, muchas veces se perdió entre las montañas y los pantanos, experimentó hambre y soledad. En ese periodo estuvo a punto de casarse con Jerusha, hija de Jonathan Edwards, sin embargo el prefirió hacer su hogar entre los indios pieles rojas, y fue allí donde se quedó hasta morir, a los 29 años de edad.

Al tomar esta tremenda decisión el relata en su diario “Heme aquí Señor envíame a mí hasta los confines de la tierra, envíame a los pieles rojas del monte, aléjame de todo lo que se llama comodidad en la tierra, envíame aunque me cueste la vida, si es para tu servicio y para promover tu reino”.

Para David Brainerd el deseo más grande de su vida era “arder como una llama” por Dios, hasta el último momento, y así lo hizo. A pesar de que solo vivió 29 años, su obra e influencia fue mucho mayor de lo que cualquier hombre hace en 70 años.

Su biografía ha sido de inspiración para muchos grandes hombres de Dios, que se han dedicado a las misiones, como Enrique Martyn, Guillermo Carey, Roberto McCheyne y A.J.Gordon.

Sus últimas palabras son para nosotros un tremendo ejemplo de entrega y negación “digo, ahora que estoy muriendo, que ni por todo lo que hay en el mundo, habría yo vivido mi vida de otra manera”.