¿Estamos cumpliendo el propósito por el cual fuimos llamados?

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Cada vez que escucho esta pregunta no puedo dejar de pensar en lo bueno que Dios es, y lo inconsciente que en muchas ocasiones somos. Dios nos da la oportunidad de ser parte de su plan perfecto para nuestras vidas, pero está en nosotros el obedecer, Él no nos necesita, su obra la hará con o sin nosotros. Pero debemos ser consientes y responsables de la decisión que tomemos.

En nuestro corazón debe estar el deseo de ser luz. Pero ¿qué significa ser luz? Cuando encendemos una lámpara no es para esconderla, más bien es para que nos alumbre, aclare nuestro caminar y nos permita ver más allá. A esto nos ha llamado Dios, a brillar. Y si estas pasando por alguna circunstancia negativa no dejes que esto sea un impedimento para ser luz, Dios nos dice en su palabra que es en medio de los problemas cuando Él se glorifica aún más, donde podemos ver su poder. Utilicemos cada circunstancia para que los demás puedan ver cuán grande es él. Muchas veces creemos que para hablar de Dios necesitamos una capacitación, un momento de tranquilidad en nuestras vidas, pero NO. Si decidimos esperar a que ese momento llegue no lo haremos nunca. Muchas veces nos llenamos de complejos y argumentos absurdos para evitar hablar de Dios, cuando en verdad con solo mostrar la tranquilidad que Él nos da en medio del ajetreo diario, ya estamos marcando la diferencia.

Te desafío a salir de tu burbuja, a salir del yo, mirar a tu alrededor y sentir el dolor por el cual un amigo, familiar, o simplemente la persona que tienes al lado está pasando. Seamos sensibles ante el dolor del prójimo, dejemos de ser egoístas con respecto a un Dios generoso, compartamos del amor por el cual fuimos rescatados, sigamos su ejemplo.

El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 2 Pedro 3:9 RV1960.